LA MUJER EN LA EDAD MODERNA

La Edad Moderna es el tercero de los periodos históricos en los que se divide tradicionalmente en Occidente la historia universal, desde Cristobal Celirious. En esa perspectiva, la Edad Moderna sería el periodo en que triunfan los valores de la modernidad (el progreso, la comunicación, la razón) frente al periodo anterior, la Edad Media, que el tópico identifica con una dad Oscura o paréntesis de atraso, aislamiento y oscuramiento. El espíritu de la Edad Moderna buscaría su referente en un pasado anterior, la dad Antigua identificada como Epoca clasica

El paso del tiempo ha ido alejando de tal modo esta época de la presente que suele añadirse una cuarta edad, la Edad contemporanea, que aunque no sólo no se aparte, sino que intensifica extraordinariamente la tendencia a la modernizacion, lo hace con características sensiblemente diferentes, fundamentalmente porque significa el momento de triunfo y desarrollo espectacular de las fuerzas económicas y sociales que durante la Edad Moderna se iban gestando lentamente: el capitalismo y la burguesía; y las entidades políticas que lo hacen de forma paralela: la nación y estado.

En la Edad Moderna se integraron los dos mundos humanos que habían permanecido aislados desde la Prehistoria: el Nuevo Mundo y Viejo Mundo. Cuando se descubra el continente australiano se hablará de Novísimo Mundo.

La disciplina historiográfica que la estudia se denomina Historia Moderna, y sus historiadores, "modernistas" (aunque no deben confundirse con los seguidores del modernismo, estilo artístico y literario, y movimiento religioso (Modernismo teologico), de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX).

PAPEL DE LA MUJER

En la Edad Moderna, todos los grandes estados siguen un modelo patriarcal que restringe a la mujer a un papel subordinado, aunque existen excepciones de mujeres con un pequeño papel intelectual, sobre todo en el siglo XVII. Existían algunas damas cultas sabían leer y escribir, y que asistían a academias literarias y a salones nobiliarios, siempre ante la mirada satírica de algunos autores masculinos. Diversos teólogos, además, habían construido una imagen diabólica de la mujer por su papel bíblico: la pérdida del Paraíso. Destacamos las palabras de Santo Tomás de Aquino: "No se ha de desconfiar menos de las que son menos virtuosas, porque cuanto mayor es la virtud, tanto mayor es la inclinación, y bajo en encanto de su palabra se esconde el virus de la mayor lascivia". Los moralistas reconocían a la mujer como ser poco fiable, astuta e incluso malvada.

Sí hubo algunos humanistas que defendían la igualdad, seguía destacando la división de géneros en la sociedad y en la familia. Procederemos a analizar ahora la posición de la mujer y sus ocupaciones según el nivel económico y social:

En todos los grupos, los padres decidían el casamiento de las jóvenes tras largas negociaciones sobre la dote. En la nobleza y la aristocracia, el matrimonio era además un instrumento de la diplomacia para sellar alianzas políticas, resolver conflictos y asegurar la paz.

En la nobleza y la alta burguesía, las mujeres nobles aprendían la doctrina cristiana, a leer y a escribir, costura y a veces, música. La educación se desarrollaba bien en casa, con sus madres o con profesores particulares, bien en conventos. Las amas de casa supervisaban la educación de sus hijos y dirigían a sus sirvientes. Las mujeres no podían formar parte de los ejércitos (aunque algunas desatacaron en el campo de batalla, como la famosa Juana de Arco), ni podían ser notarias, ni escribanas, como tampoco podían ocupar cargos de representación en los parlamentos locales. Únicamente podían participar en la supervisión de algunos hospitales. Tanto en las clases altas como en las bajas, la mujer destacaba por su papel de madre. La maternidad era su profesión e identidad. Las mujeres ricas tenían más hijos que las pobres para asegurar la descendencia y también porque tenían capacidad para mantenerlos. Siguiendo con las mujeres de las clases altas, existía una negativa generalizada a amamantar a los hijos, por lo que tenían sus propias amas de cría, que podían ser campesinas que habían perdido a sus hijos o ya los habían destetado y que necesitaban algún salario extra.

En las familias pobres, las mujeres realizaban cualquier tipo de tarea: limpiar, preparar la comida, cuidar de los niños o los animales (si los había), curar, tejer, etc.

Desgraciadamente, a lo largo de los siglos XVI y XVII, la mujer fue excluida de ciertas profesiones por los gremios. Se consideraba el trabajo femenino deshonesto e infamante. Las mujeres campesinas y de clases bajas siguieron trabajando, no obstante; y compaginaban las tareas agrícolas con las de la casa o con la artesanía rural, la carda o el hilado de la lana, etc. También podían dedicarse al pequeño comercio de alimentos, o al servicio doméstico (sirvientas, nodrizas, comadronas, etc.)

Por último, añadimos la creciente importancia que hubo en la época por la belleza, signo de distinción y de virtud. Durante el Renacimiento se desarrolló el interés por la belleza, el amor y el desnudo. La belleza fue considerada un signo visible de la bondad interior y de una condición social noble. El ideal de la belleza femenina en el Renacimiento es la mujer de tez pálida, cabello rubio y rizado, caderas anchas y cintura y pecho pequeño.

Patricia Arboleda Plata

VIDA DE LA MUJER EN LA EDAD MODERNA CRISTIANA

Uno de los aspectos mas destacados del periodo comprendido como la edad moderna que vendría a transcurrir aproximadamente entre los siglos XVI-XVIII es , sin duda alguna, el aspecto de la familia.

En un reciente estudio se afirmaba que la familia había sido elegida, entre otros, por la mayoría del pueblo del estado español como “ la mejor forma de organización social” y es que, como se afirmaría en una larga tradición desde Aristóteles a nuestros días, el elemento de la familia ha sido considerado como un aspecto fundamental y un pilar básico sobre el cual se asienta y organiza la sociedad a lo largo de la historia.

A pesar de que tanto su esencia en si haya sido criticada y cuestionada a lo largo de la historia ( Sócrates, Engels, Marx, Bakunin...) así como el papel jugado por la mujer dentro de ella incluso dentro del mundo cristiano ( los apócrifos) no hay duda que no obstante, la figura de la familia tradicional o moderna ha subsistido y es hoy en día un elemento incuestionable y omnipresente en nuestras sociedades, hasta el punto de que dudar o vivir al margen de ella, produce extrañeza, asombro o en algunos casos, marginalidad por parte de la mayoría social.

Asimismo, la forma de organización social a pesar de que se ha mantenido en la mayoría de los casos de una forma invariable, no hay ningún genero de duda de que al menos de fondo, en esencia su estructura y su carácter si ha variado considerablemente desde la época moderna. Así, hemos pasado de un modelo familiar donde la mujer era considerada un ser inferior, sujeto a las reglas y a la obediencia del varón y “pater familias”, a una familia moderna y democrática (mal que les pese a algunos sectores reaccionarios) donde la mujer juega o debería jugar en las esferas publica y privada la misma consideración y trato que el hombre, en estricta igualdad.

Y si esta máxima no se cumple en su totalidad (que no lo hace, desde luego) es sin duda alguna por la persistencia de prejuicios y valores patriarcales en nuestra sociedad, heredados de facto a lo largo de generaciones desde, entre otras, nuestra ahora estudiada época moderna. Una época y una estructura familiar que estudiaremos y mas concretamente, el papel jugado por el sexo femenino a lo largo de este periodo dentro y fuera del núcleo familiar y como se produce, en ultima instancia, ejemplos de mujeres que vivieron al margen de este proyecto patriarcal que, en teoría, debería relegar a la mujer al ámbito privado.

Maria Teresa Benitez Gonzalez

LA VIDA INTIMA DE LA MUJER MODERNA

En este periodo, pero de una herencia evidente de periodos históricos anteriores, el tema de la intimidad, de los aspectos internos, biológicos de cada persona era un aspecto tabú y totalmente sometido a la reprobación, pudor y vergüenza general de la sociedad, en especial por parte de sus representantes morales y espirituales los cuales consideraban obsceno todo lo relacionado con la intimidad de las personas, máxime lo referido a las mujeres cuyos cuerpos y todo lo que hiciese referencia a ellos era considerado de inmediato pecaminoso, vulgar y sobretodo prohibitivo.

Aunque actualmente en nuestras sociedades, no podamos considerar definida a una persona exclusivamente por sus características físicas, a lo largo de la historia ello no ha sido de la misma forma (un curioso ejemplo de ello seria la obra “Orlando” de Virginia Wolf, que abordo estos aspectos en su vida como rebeldía) y la asignación por cuestiones biológicas encorsetaba y asentaba unos roles sociales debido a ello, que aun perviven en nuestros días. Sin embargo, y como decía, el aspecto privado e intimo de las mujeres era algo prohibido, algo relegado únicamente a los mas íntimos secretos y reservas de cada mujer, que sobrellevaban su sexualidad y su biología casi en una esfera de secreto y clandestinidad.

A pesar de ello, esa sexualidad existía ya en esta época y en gran medida produjo una reorientación en la época del Renacimiento, donde se produce un nuevo culto al cuerpo y redescubrimiento de una realidad que luchaba contra un pasado prohibitivo y un presente que en parte también luchaba por someter a la sexualidad y el cuerpo a el lugar que ya había ocupado de oscuridad, en parte por los efectos de la gran peste negra y bubónica, la cual inmediatamente se relaciono con esta relajación de costumbres fruto del renacimiento y del humanismo.

De esta manera, se consideraba el cuerpo femenino como una tentación de lascivia, y a pesar de ello, el cuerpo femenino de cada mujer necesitaba de unas atenciones y unos cuidados especiales, que también deben ser tenidas en cuenta en lo relacionado con el tema del sexo.

Así en cuanto al primer tema, lo relacionado con el cuidado y la apariencia externa del cuerpo femenino en la edad moderna, este fue un tema sin lugar a dudas muy importante y que genero grandes debates y polémicas por el calado moral de la sociedad renacentista. El tema de la limpieza y la higiene corporal aquí va a experimentar un fuerte y significativo cambio con respecto al periodo medieval. Así, mientras que en la civilización musulmana el tema del agua y los baños públicos ( cuya evidencia se puede observar en gran cantidad de ellos repartidos por toda la geografía de Al- Andalus) seria considerado como una parte fundamental tanto de la vida publica como de la higiene y salud corporal de sus habitantes, sin embargo en el mundo cristiano surgido en la península ibérica después de la reconquista y en general en Europa va a experimentar una fuerte contradicción con respecto a ello.

De esta manera, de la esfera publica de los baños y el culto al agua que antes experimento el mundo musulmán y en parte también la civilización cristiana, se pasa a una realidad higiénica totalmente diferente, donde se pone en énfasis mas a la vestimenta que a la limpieza real del cuerpo como método de sanidad e higiene corporal. Ahora, pues, lo importante era tener una apariencia higiénica mas que un aspecto realmente higiénico, aunque este también era tratado, pero con métodos alternativos al agua y el baño.

Este rechazo al agua y a los baños como método de limpieza corporal en los años del renacimiento, se debe a un doble motivo que va a histerizar y preocupar sobremanera a las autoridades político-religiosas de la edad moderna; por un lado combatir los incipientes brotes y estallidos de enfermedades por toda Europa ( peste, sífilis, tifus....) y por otro lado, reducir elementos considerados inmorales y perniciosos como la prostitucion o en general la lascivia relacionada con la exposición semidesnuda de los cuerpos en el momento del baño.

Ello provoco el cierre después del siglo XVI de un gran numero de baños públicos ( algo nunca visto en el mundo musulmán) por estos motivos, en especial por el segundo aspecto que era el que mas preocupaba y temía las autoridades religiosas de la época. Los baños públicos como elemento de baño y limpieza corporal eran lugares abiertos, generalmente separados por sexos, donde además del ocio y el placer de un momento de relajación y tranquilidad en el baño, se ofrecían servicios diversos como alimentos, bebidas y en el caso de los hombres muchas veces servicios de prostitutas, a pesar de lo cual cuando no se quería reconocer abiertamente el cierre de estos servicios por pecaminosos, se aducían a otras cuestiones como el hecho de la vulnerabilidad de los cuerpos desnudos y del agua con referencia a diversas enfermedades de la época, o incluso como afirma George Duby “ por el peligro a que algún esperma perdido embarazara a las mujeres desnudas que se bañaban en esas mismas aguas”.

De esta manera, para el cuidado corporal se empezaron a usar otros elementos que lógicamente pasaban por la intimidad personal, y por un lado impedían la exhibición publica de los cuerpos y por otro lado reducían al nulo el papel del agua en la higiene corporal. Así, al agua tradicional y de toda la vida, le sustituyó como método higiénico el de los polvos y el perfume como método privado, y personal para el aseo diario de las mujeres, algo que reducía la relación publica y social del sexo femenino ( y masculino) en dicha área. Así, para las partes visibles de la mujer ( rostro, pelo y manos) aun se permitía un leve uso del agua, al que se le adjudicaba un papel menor, matizado por el uso de vinagre o vino ( elementos con alcohol para desinfectarla) y para el resto del cuerpo el frotado y el uso de polvos, los cuales actuaban como el actual champú solo que aplicado en seco y prolongado en su uso.

Estos polvos se aplicaban en la cabeza o en otras parte, donde permanecía toda la noche y era retirado al día siguiente por el peinado del pelo ( que se llevaba en el todas las impurezas y suciedades del cabello) o por el frotado en otras partes de este. Es decir, todo tipo de métodos con tal de evitar el contacto con la tan temida agua y pronto estos métodos como el polvo pasaron a ser una costumbre y una moda social ( sobre todo en las ostentosas y pudientes clases altas aristocráticas y nobiliarias que se lo podían permitir, frente a un pueblo llano que se mantenía entre la suciedad y el uso a duras penas del agua)

El mismo papel jugaba el perfume en esta sociedad de elites, el cual era destinado como ahora para ocultar los malos olores e higienizar y desinfectar el cuerpo sucio, aplicado bien directamente de un frasco sobre la piel, bien a través de toallas aromatizadas aplicadas sobre el cuerpo, o bien ( y esto era lo mas común) a través de inciensos y aromas que eran aplicados sobre la ropa que era la que daba la apariencia externa de limpieza en la persona y que eran guardadas en los arcones o almacenes de ropa personal que después embriagarían con dichos olores no solo a la persona si no a toda la estancia donde se hallasen guardadas.

Sin embargo, en el siglo XVIII época de luces y de razón, las viejas costumbres de épocas pasadas se retomaron y en ellas, el papel protagónico del agua y del baño volvió de nuevo a las sociedades de la época. No obstante, no de la misma forma y mas relacionado con la vida personal, con grandes y lujosas bañeras privadas en sus enormes y ostentosos palacios y villas, en detrimento de los viejos baños públicos para todo el pueblo, y siempre como es lógico en beneficio de los lujos y placeres de las clases altas de la sociedad.

Ello se ve bien reflejado en uno de los elementos insignes de la ilustración francesa la “Encyclopedie” de Diderot y D’Alembert donde se hace una descripción de las bañeras, las cuales eran fomentadas y potenciadas en esta nueva sociedad dieciochesca, por los médicos de la época a la que aseguraban beneficios positivos y terapéuticos para el cuerpo.

Todo ello, como es lógico, con el objetivo de una mejor y mas atractiva apariencia en la que las mujeres jugaban un rol protagónico y donde la belleza y la apariencia corporal eran fundamentales en la sociedad de la época, y en los roles sociales asignados a ambos sexos en la sociedad moderna. Así, estas diferencias sexuales eran acentuadas cada vez mas en una sociedad eminentemente patriarcal, donde se debía fomentar la diferencia de la mujer ( aunque desgraciadamente para ellas, no en el sentido de las feministas radicales francesas e italianas de finales de los años 70 del siglo XX) en el sentido de realzar la belleza y el cuerpo femenino.

Esta diferencia tendría como objetivos principales la vestimenta y el aspecto físico asignado a las mujeres ( y a los hombres) para distinguirlos y encasillarlos en la sociedad. De esta forma, frente a la ligereza, libertad y movilidad de las vestimentas masculinas, se asentó un modelo totalmente diverso a la mujer, como si también en el tema del vestido la mujer debería demostrar su carácter rígido, encorsetado, agobiante y oculto a que era sometida en todos los demás aspectos restantes de la sociedad.

Se fomentaban vestidos largos y pesados, de gran volumen, dejando al mínimo las porciones de cuerpo a la vista de los demás, muy casto y remilgado, y por si ello fuera poco, debería completarse con fajas o corsés lo mas apretados posibles para marcar al limite las caderas y características corporales femeninas a lo que, además, debía completar con una única muestra de exhibición publica de su feminidad para que no cupiera ningún genero de dudas; un amplio escote donde mostrar unos grandes senos realzados y embellecidos con polvos y coloretes en los pezones, siempre y cuando las autoridades religiosas lo permitiesen.

De esta forma, lo que antes era condenado por la sociedad como inmoral y pecaminoso ( la belleza corporal) ahora se cambiaban las tornas en la época renacentista y lo que contaba era la belleza como método de bondad y generosidad para con la sociedad.

Así, por todo el continente europeo, las mujeres se embebían y preocupaban por estos nuevos cánones sociales y por esta obligación social de la belleza a la que se debían ( a eso se reducía en la sociedad moderna el papel de la mujer, apenas a un placer visual) y por todas partes, las mujeres que se lo podían permitir (evidentemente las privilegiadas) reproducían un mismo estereotipo de mujer; alta y delgada, tez lo mas blanca y pálida posible, pelo rubio, labios y mejillas sonrojadas, cejas, pestañas y vello publico negros.. y hasta las formas y proporciones debían ajustarse a los cánones de la época; pies y manos largos, pechos firmes, redondos, y blancos ( con polvos que lo palidecieran) y con pezones rosados ( usando para ello desde el pellizco hasta el colorete para hacerlos mas atractivos), cintura delgada y estrecha...

Todo ello, como es lógico, al final tendría como objetivo por ambas partes el del acto sexual. Y esque, la sexualidad es también un elemento clave en las sociedades modernas, al margen del rigurosos y estricto control y ordenación que sobre ella se vertían principalmente desde las altas autoridades religiosas y eclesiásticas.

Así, con el renacimiento, frente a las tendencias por el redescubrimiento del cuerpo humano desnudo que antes mencione ( generalmente relanzado en el arte) las penalizaciones y las represiones por ello se volvieron mas férreas e intensas, con el objetivo de controlar y reprimir la cada vez también mas intensa despreocupación por los temas morales y el uso del cuerpo en muchos casos para el disfrute y el ocio y no simplemente como mortificación. De esta manera, se reprimió el arte ( al cual se obligo a volver a las penosas costumbres de tapar las partes sexuales de los cuerpos) las costumbres sociales ( se cerraron burdeles y baños públicos) y se volvió a iniciar una campaña ( tanto de católicos como protestantes por igual) de recordatorio de la obligatoriedad del matrimonio y del uso del sexo sin placer y como elemento de obligación y mal menor únicamente bajo la forma de la reproducción.

Por ello, todo lo que en arte, costumbres o sexo estuviese el margen de estas normas legales, se convirtió en algo perseguido y reprimido por las leyes de la época. Y como tal, la mujer va a ser la principal perjudicada y receptora de todas estas criticas y ataques de las instituciones religiosas, como causante de los vicios morales imperantes. Y esque, en esta época mas que nunca, los eclesiásticos recurren a las interpretaciones de la Biblia para criticar y culpar a la mujer de los vicios morales, recurriendo a pasajes bíblicos en los que se apoyan, tales como el Eclesiastés, “Por una mujer ha comenzado el pecado y por ello morimos todos” o la Carta de Pablo a Timoteo “Adán no ha sido engañado, sino que la mujer, habiendo sido engañada, ha sido la transgresora”..para de esta forma buscar desde los orígenes de la historia la culpa de la mujer en el pecado sexual, y en todo lo relacionado.

A partir de ahí, toda una retahíla de prejuicios misóginos contra la mujer esta justificado para tomar todo tipo de medidas contra la mujer, acusándola de no tener otro objetivo en la vida que inducir al hombre al pecado sexual...todo lo cual fue perfectamente enlazado con el tema de las enfermedades ( acusando a las mujeres de provocarlas y estas de ser un castigo de Dios por el pecado sexual) lo cual, como dijimos anteriormente justifico el cierre de gran cantidad de burdeles y baños públicos, acusando a las mujeres de fomentarlos y motivando como castigo gran cantidad de encarcelamientos o ejecuciones de mujeres por este motivo.

De esta forma, para las mujeres en su vida privada, existían dos formas de experimentación sexual; la autorizada y la ilegal.

Entre la sexualidad autorizada estaba únicamente las relaciones sexuales con el objetivo de fomentar la reproducción de la familia y a poder ser, sin experimentar placer sexual, ni por supuesto ningún viso de romanticismo o sentimentalismo que pudiera inducir a pensar que se disfrutase de la relación conyugal.

Así pues, para las autoridades religiosas, las relaciones matrimoniales y el matrimonio en si, debería considerarse un “mal menor” un esfuerzo pecaminoso necesario para procrear y pervivir la existencia de la especie, y se encargaba de reprimir todo disfrute en la pareja. De esta manera, desde las autoridades religiosas, únicamente se reconocía la “sexualidad necesaria” para procrear y a disgusto pues inclusive si era dentro del matrimonio y para procrear, a pesar de ello se consideraba algo sucio e inmoral y para muestra, un ejemplo de cómo se producía ese control para eliminar toda libertad y disfrute en la pareja, al punto que hasta las posiciones en el acto sexual propiamente dicho, eran controladas y supervisadas ( no en el acto en si, obviamente) por las autoridades religiosas; de esta forma, la única postura sexual aconsejada y permitida por la religión, era la forma habitual de la mujer tumbada y abierta de piernas y el hombre sobre ella ( pues emulaba el acto de sembrar en el campo una semilla y garantizaba la superioridad de posición del varón).

Todas las demás ( las conocidas como “more canino” la cual consiste en la penetración del hombre en la posición comúnmente conocida como a cuatro patas o por detrás era enérgicamente condenada pues emulaba la bestialidad y animalidad del ser humano, o la “mulier super virum” donde el hombre quedaba tumbado y la mujer estaba situada encima del varón donde se efectuaba la penetración, también era condenada pues ello dejaba a la mujer en una postura de dominación y superioridad con respecto al hombre, que era inaceptable según los cánones patriarcales de la religión, y que directamente entroncaba con la Biblia y los Apócrifos, según los cuales, Lilith, la primera mujer de Adán se negó a ser sometida sexualmente en la postura de la siembra y se revelo al querer tomar una iniciativa sexual ) pues, eran condenadas por la religión al considerar que fomentaban el placer antes que la obligación de la procreación y se tendía al acto sexual como deber necesario.

Además, por si esto fuera poco, también los días y momentos en que se debiera efectuar el acto sexual eran controlados, y se consideraban “ de guardar” ( es decir, días en los que estaba terminantemente prohibido y penalizado efectuar el acto sexual) como todas las fiestas religiosas y la cuaresma. Además, se consideraba que se debía evitar también en veranos calurosos y en la menstruación. Es decir no solo se regulaba la practica si no también la frecuencia de las relaciones sexuales de los cónyuges lo que hacia insoportable la presión. Esta tremenda presión moral y física a que sometían las autoridades religiosas, las cuales prohibían realizar el acto sexual casi de forma continua a los cónyuges y solo en periodos muy concretos ( y ya incluso solo en posturas muy determinadas) provoco que muchas mujeres ( y hombres) del periodo moderno aquí estudiado se decantasen por otras formas de estimulación sexual lejos del acto sexual en si, ya fuese en solitario o en parejas. De esta forma, y rehuyendo de la practica del coito como elemento prohibido, muchas personas se lanzaban a otras practicas sexuales, no menos condenadas que el coito pero mucho mas recurrentes a corto plazo. De esta forma entramos en la sexualidad no licita.

La sexualidad no autorizada, como dijimos, era una vía de escape que muchas mujeres experimentaron en este periodo, lejos de la criminalización y control excesivo que las autoridades morales sometían al coito sexual de las parejas. De esta sexualidad no autorizada destacaban los llamados cuatro pecados sexuales; el “coitus interruptus”, la masturbación, la homosexualidad, y lo que se ha denominado en esa época la “bestialidad”, todas ellas con el objetivo de buscar el placer sexual y no la obligación.

De entre ellos, el “coitus interruptus” era una practica mas normal de lo que se podría pensar en una sociedad donde el sexo no reproductivo era tan criminalizado, y básicamente y pese a los riesgos que sabemos tiene esa practica hoy en día, consistía en realizar el acto sexual normal y en el momento de la eyaculación el varón debería tener el suficiente control para saber retirar el pene a tiempo y eyacular fuera de la pareja. Ello era una practica muy común con el objetivo de no tener mas hijos por las enormes responsabilidades económicas y con el objetivo de seguir experimentando el placer que proporcionaba el acto sexual, al menos para el varón y es que, como es lógico, también en este campo se dejaba poco margen de actuación, protagonismo y satisfacción a la mujer que salvo en casos muy concretos, apenas se le dejaba opción para el goze y disfrute también en las relaciones sexuales ( muy en relación a ello se produjeron en esa época grandes debates sobre si Dios había concedido el placer del orgasmo a la mujer y si tenia derecho a el).

En otro lado, estaban los que la iglesia consideraba los mas graves de los cuatro pecados sexuales, los tres pecados considerados las mayores infracciones sexuales, consideradas “atentados contra la naturaleza” que consistían en la masturbación, la homosexualidad y la bestialidad. De todos ellos, la descripción es bastante obvia y conocida, consistente en la estimulación en solitario o en pareja de los órganos sexuales con el objeto de obtener el orgasmo (masturbación), la practica de relaciones sexuales entre personas del mismo sexo (homosexualidad) y la llamada infracción “sin nombre” la consistente en practicar sexo con animales ( hoy conocida como zoofilia, y en el periodo modernista conocida como bestialidad, o bestialismo) la cual colocaba a las personas “ al nivel de los animales”.

La masturbación era sin lugar a dudas una de las practicas mas recurrentes, especialmente por las mujeres, a pesar del enorme cargo de conciencia a que eran sometidas las mujeres de la época por cometer estos “atentados contra natura” y estaba motivado por la escasa frecuencia de relaciones sexuales entre los cónyuges o en general con otras personas, y sobretodo por la enorme insatisfacción que producían las relaciones sexuales en esa época a las mujeres, acostumbradas como estaban a servir meramente de consolador sexual de los varones y a las cuales no se dejaba apenas margen alguno de satisfacción sexual. Ello no era algo novedoso en este periodo y ya desde época antigua, en la antigua Grecia y Roma, a las mujeres se las consideraba como meros objetos sexuales, como meras fuentes de placer inanimadas, que motivo que desde épocas tempranas, las mujeres buscaran otros métodos de satisfacerse sexualmente y poder experimentar un orgasmo que se consideraba inexistente en el genero femenino hasta hace bien poco tiempo ( lo cual ha sido hasta hace poco, en el estado español algo habitual en la época del franquismo)

Por ello, muchas de ellas, practicaban un doble “pecado sexual” con frecuencia ( lo cual las condenaba habitualmente a la cárcel) consistente en encontrar el placer sexual entre mujeres, el conocido como “lesbianismo” ( el cual ya fue introducido en la antigua Grecia en indicios por Safo de Lesbos y sus compañeras) o muchas de ellas apenas se conformaban con la autocomplacencia, las mas de las veces en la mas profunda intimidad y secretismo, masturbándose bien de forma directa o indirecta a través del tiempo con artilugios sexuales pensados específicamente para ello, como consoladores diversos. Sin embargo, tanto la masturbación ( en esa época onanismo solamente) como la homosexualidad eran consideradas aberraciones por la religión cristiana, y enfermedades terribles que era necesario purgar y condenar de palabra y acto como fuera. También para los varones estos actos eran castigados con especial celo ( el lesbianismo apenas era considerado como existente en esa época, y aunque se daba, la sociedad patriarcal confiaba la seguridad de la inexistencia de estos actos entre mujeres por considerar que eran sometidas por padres, hermanos, cónyuges, parejas o hijos a una profunda educación en ese terreno) y se consideraba en el hombre un pecado excepcionalmente grave. Como ejemplo de ello, esta la quema publica por parte de las autoridades seculares en Sevilla en 1587 de Alonso Pérez por haber practicado un “pecado de polución” es decir, la sodomía con otro hombre, la cual era considerada como un grave atentado y crimen contra el estado.

Sin embargo, esta practica también era registrada y castigada en el caso de las mujeres, a pesar de considerarse inexistente, y por ello era considerada como pecado punible, pero no era considerada tan grave como en el caso del varón, al considerar que el hombre no debería desperdiciar “ su semilla” en otra cosa que no fuese la procreación para la que fue creado. Como muestra de ello, en el siglo XIII, Gregorio López escribía lo siguiente en su obra “Omes en la Setena Partida” : “....se incluye también a las mujeres tanto cuando una con otra haga contra natura, así pues el pecado femenino es posible también y ha de ser castigado”

Así pues, aun cuando no era considerado el lesbianismo como algo grave, si era considerado como un grave delito, como decía antes, en el caso de que para ello usase consoladores diversos, donde en tal caso la pena podía suponer un castigo físico y pena de cárcel. Como ejemplo de ello, el relato del moralista sevillano Cristóbal de Chaves, el cual establecía que “ en la cárcel real de Sevilla, había castigado a muchas mujeres, porque querían ser mas masculinas que lo que la naturaleza permitía, algunas mujeres se habían convertido en gallos con la ayuda de un baldres o instrumento fabricado con el pellejo curtido de una oveja y moldeado en forma de la natura de un hombre que después se ataban con cintas. Estas pecadoras, recibían doscientos latigazos y el tribunal las desterraba a perpetuidad del reino”

Por su parte, la masturbación era también cosa común en esta época entre mujeres y hombres, y como antes cite era recurso común en la época para huir de las cargas que acarreaban tener mas hijos, por el escaso placer y satisfacción de las relaciones sexuales, y por la falta de frecuencias de estas. Sin embargo, estas masturbaciones, eran consideradas como delitos graves y como tales se legislo muy duramente contra ellas en este periodo moderno que estudiamos.

En 1532, el Emperador Carlos V legislo en las “Reglas Penales” sobre esto, contemplando “ la pena de muerte para los masturbadores, para los que tenían relaciones sexuales con personas del mismo sexo y para los que usasen anticonceptivos”.

En 1771 el medico John Marten en su libro “Tratado sobre enfermedades venéreas”, lo consideraba maligno y creyó descubrir síntomas de enfermedades postmasturbatorias.

En 1716 aparece publicado el celebre libro sobre el tema, “Onania, o el abyecto pecado de la auto-polución”, donde nuevamente se aseguraba que el onanismo o masturbación era efecto de una enfermedad mental y que causaba trastornos y enfermedades físicas por su practica.

En 1738, se descubrió en la casa de Marguerite Gourdan de Paris ( madame o dueña de burdel) cientos de aparatos consoladores para mujeres, cuyo funcionamiento era explicado así por el historiador alemán Karlheinz Deschner “....aparatos completamente inanimados, pero causantes de placer, de fractura muy primitiva pero a veces mas elaborados, con falos artificiales con sus bolsas testiculares llenas de leche que, simulando la eyaculación, derramaban en el momento de máxima tensión en la vagina mas o menos virginal”

Sin embargo, como era lógico, el ser descubierto en dicha practica sexual, según los canones morales de la época, implicaba penas muy graves, y cuando no implicaban la cárcel o la ejecución, lo mas común era recurrir contra las personas que lo practicaban a castigos corporales, con la esperanza de hacerlos “volver al camino correcto”. Y es que, también en esta época la masturbación era considerada una enfermedad que con

tratamientos brutales podría ser curada.

Entre estos tratamientos, estarían la aplicación sobre el sexo de guantes ásperos, descargas eléctricas, tratar los genitales con ortigas, atarlos con sogas, quemar las manos, cinturones de castidad con pinchos, mutilaciones o castraciones genitales como la “clitoridectomia” o extirpación del clítoris ( que, como vemos también ha sido aplicaba con frecuencia en el mundo cristiano)...

Sin embargo, y a pesar de la gran cantidad de practicas señaladas y también de la represión señalada, lo mas habitual debido a la presión moral aplastante de las autoridades religiosas y el temor infundido, eran las practicas sexuales legales que conducían inevitablemente a la reproducción y a la obtención de hijos e hijas en el matrimonio. La consecuencia, pues, de la mayoría de las relaciones sexuales derivaba del embarazo y posterior parto de las mujeres. Uno de los primeros aspectos a tener en cuenta en este momento para que una mujer estuviese orientada en el tema del embarazo eran los síntomas: así, junto con el infalible método de la ausencia de menstruación, otros eran los métodos utilizados para el conocimiento del embarazo, como eran la orina rojiza, el apretamiento del cuello de la matriz...junto con otros algo mas simbólico ( y que aun posiblemente se siguen usando en remotas zonas rurales de todo el continente europeo) como era el uso de aromas o dientes de ajo, cuya captación simbolizaba el estado de gestación.

De esta manera, y una vez detectado el embarazo de la mujer, se preparaba durante 9 meses para, lo que en esos periodos de la historia eran los momentos mas importantes de una mujer, el cuidado y los peligros que tenia el embarazo en esas épocas. Así, durante ese periodo de gestación, los cuidados a que debía someterse la mujer debían ser máximos, ya que se podía conducir inevitablemente a un aborto involuntario. Para ello, los médicos recomendaban una serie de practicas que fomentarían el cuidado de la mujer y alejarían posibles peligros de aborto, como eran practicar poco las relaciones sexuales ( a pesar de que hoy día se considera como recomendable), evitar golpes y caídas, así como evitar la ingesta de productos que fomentasen vómitos o defecciones.

Por otra parte, junto a las medidas antes señaladas para fomentar la buena salud de la madre, estaban las recomendaciones de ingerir preparados que eran considerados positivos para la salud de la madre ( que aun hoy en día se usan de forma habitual) , como eran hervir en aceite hierbas, espinacardo e incienso todo lo cual después seria aplicado sobre el estomago. Con todo eso, la mujer se preparaba durante el tiempo habitual de gestación ( que era aproximadamente 9 meses como hoy en día, salvo complicaciones) hasta la llegada del parto, que una vez intuido por las indicaciones del medico, la mujer se preparaba consecuentemente.

La mujer, una vez detectaba próximo el embarazo, preparaban un baño de malvas, manzanilla y violetas, aconsejándose no ingerir demasiado alimento en esos momentos. A continuación y si todo salía bien, se producía el momento del parto en si, que era llevado a cabo normalmente por varias comadronas, que habitualmente y según las creencias magias y espirituales de la época, comúnmente realizaban algún tipo de ritual mágico-religioso para hacer que todo saliese correctamente, salvo en casos de complicación donde se podía recurrir al antiguo método de la cesárea (donde la comadrona habría la matriz y extraía al niño) que demuestra ya en su propio nombre la antigüedad de su proceder y de su origen.

Patricia Arboleda Plata

LA VIDA PUBLICA DE LA MUJER MODERNA

Así pues, una vez descritos con detalle los aspectos íntimos de la mujer relacionados con el cuerpo, la belleza, el sexo y la reproducción, que corresponden a una esfera mas personal e intima de la mujer del periodo comprendido en la edad moderna, pasaremos ahora a estudiar también los otros aspectos donde se movían las mujeres, la vida publica, pero a la vez privada también del genero femenino. Aquí podremos englobar a todo lo relacionado con el amor, las relaciones familiares y las practicas matrimoniales de la época moderna, parte publica de la vida de la mujer en la que entraban las relaciones sociales.

De esta manera, podemos considerar al periodo renacentista, humanista e ilustrado modernos como una época en la que, como dijimos al principio del trabajo, la familia era un pilar básico fundamental, familia como hemos ido viendo a lo largo de la primera parte, lógicamente formada únicamente por un hombre y una mujer con el único objetivo de tener descendencia y perpetuar el genero humano. Esa era la única visión permitida de la familia y las relaciones familiares en la época. Para ello, las mujeres debían ser enseñadas desde muy pequeñas a asumir su papel dentro de este juego, de estos roles, donde ella debía ser instruida únicamente con el objetivo de encontrar a un hombre con el que casarse, tener hijos y al cual servir complacientemente durante el resto de su vida. Y si el amor no obtenía el protagonismo ( que aun en esa época, muy raramente lo tenia en las parejas matrimoniales o prematrimoniales) ya se encargaría “el buen juicio” de los padres de buscar la conveniencia de estos en algún acuerdo o contrato, generalmente con familias iguales o de superior rango, con el objetivo de prosperar económica y socialmente toda la familia de la mujer.

Así pues, el matrimonio como fin y expectativa de la vida de muchas mujeres, fue la institución a la que eran instruidas y posteriormente, encerradas de por vida la mayoría de las mujeres, que a diferencia de los hombres no tenían otra expectativa de futuro en la vida que alcanzar un buen matrimonio y así lograr una posición mejor o al menos igual económica y socialmente tanto para ella como para su familia, de forma que en este periodo, las mujeres eran poco mas que una moneda de cambio, una mercancía o un peón en un tablero de ajedrez, peón que si se movía o jugaba de forma inteligente podría granjear pingues beneficios a todos los relacionados con ella.

Esta triste realidad materialista del matrimonio, lejos de la idílica imagen de amor o procreación, fue muy bien definida por Isabel Pérez Molina en un capitulo del libro “Mujeres en el Antiguo Régimen” donde dice que “ el matrimonio continua siendo en este periodo un contrato entre hombres que permite la circulación de mujeres entre las diversas familias, y que tiene como objeto el reparto de la descendencia”

De esta manera, el matrimonio, ya en época medieval pero sobretodo a partir de la contrarreforma católica, se nos revela como una forma de reproducción del sistema social ( un pequeño estado en cada hogar, un pequeño modelo social en cada hogar) del sistema religioso moral dentro de la familia, una reproducción y perpetuación de la especie humana y una circulación de bienes y patrimonios dentro de la familia que era, al menos en el medioevo, el gran objetivo de los enlaces matrimoniales, esto es, únicamente el deseo de prosperar.

Y dentro de esta lógica matrimonial que era el interés de las grandes familias de las épocas ( no debemos olvidar que las grandes alianzas políticas entre familias e imperios se hacen siempre a través de enlaces matrimoniales de los hijos) como es evidente la mujer jugaba un papel de sumisión y dedicación plena. De esta manera, se puede decir que la educación y el objetivo de una mujer a lo largo de toda la vida ( y en esa instrucción y mentalización concreta se afanaban los padres, especialmente de grandes familias) estaba casi totalmente en relación al objetivo del matrimonio, se la instruía en ese objetivo y estaba dedicada de por vida a ello, fuera de ello apenas existía nada mas para ella. De esta forma, “ las mujeres existían como casadas o para casarse ” y siempre sometidas al imperativo de sus maridos.

Además, era tal la presión social ( especialmente nobiliar y aristocrática puesto que la Iglesia no ponía tanto énfasis en ello) que si una mujer no estaba vinculada a lo largo de su vida a uno de sus dos destinos en este mundo ( matrimonio o convento) era frecuentemente marginada y despreciada por la sociedad, especialmente por sus propia familia, que la consideraba algo así como una perdida y frecuentemente solía ser tratada de forma igual a los sirvientes y criados y apenas gozaba de la consideración de hijas e incluso de familiares. De esa manera, el matrimonio se convertía en la única opción digna para las mujeres de la época, si querían gozar de un mínimo de respeto y consideración social y familiar.

A lo largo de la historia hasta ese momento, especialmente en el medioevo, el enlace matrimonial se hacia por intereses familiares y según las costumbres familiares, con sus propias iniciativas, métodos y rituales, de forma que las familias ( desde los reyes hasta las familias de clases medias-altas, todos entraban en la sociedad en este juego de pactos y alianzas familiares) negociaban ente ellas las alianzas conyugales de sus hijos (denominadas “esponsales”) en la que como es evidente los hijos de cada familia o futuros contrayentes las mas de las veces apenas podían o tenían nada que decir, si no el acatamiento de su voluntad. Era un pacto, una promesa-palabra y un honor que se hacia entre adultos familiares y que debía de cumplimentarse adecuadamente para no comprometer la imagen de las familias.

Como hemos dicho anteriormente estas uniones matrimoniales gozaban, antes de la gran regulación “tridentina”, de una serie de ritos y pasos formales que se debían adoptar para oficializar y formalizar los enlaces matrimoniales que no solo eran de cónyuges si no también lo eran de familias. Un primer paso de esta alianza las familias de los contrayentes entraban en contacto, en diálogos y negociaciones y se ponían de acuerdo acerca de la unión de sus hijos. Un segundo paso después de ello, ya seria llevar a los jóvenes ante la Iglesia y efectuar allí la formalización del enlace para que gozase de reconocimiento ante Dios y la Iglesia católica.

A su vez, y tal como lo ejemplifica perfectamente la escritora Natalie Zenón Davies en su libro “ El regreso de Martín Guerre” que es una muestra a la perfección de un correcto casamiento de la época, así pues, el matrimonio en si el día de su realización debía pasar además de por los pasos anteriormente descritos en ese segundo paso debía existir, pues, un pacto o entendimiento previo entre las familias y luego de un reconocimiento formal del sacerdote en representación de la Iglesia que debería reconocer dicha unión.

Unión que debía efectuarse en presencia de un notario, el cual debería señalar con detalle la parte mas importante para las familias a la hora de la realización del matrimonio, esto es, las aportaciones económicas realizadas por ambas familias en el momento de la unión de los cónyuges (regalos, dotes, herencias...) y todo ello, a su vez, bajo la presencia cercana de familiares y amigos de la localidad, es decir, de toda la comunidad en la que vivían para que fuese valido socialmente y después, celebraban la unión con grandes festejos y banquetes. Un detalle concreto y que seria digno de mención es el tema de la dote.

La dote, era un elemento muy importante y central en las uniones matrimoniales de la época. Mientras que los pocos casos que se dan hoy día de dote la colocan en un aspecto casi simbólico, en aquellos momento no disponer de una dote y una dote acorde con las circunstancias de hecho podía suponer la no celebración de la unión matrimonial. La dote se podría definir como el patrimonio que la familia de la novia entrega al futuro esposo para sostener las cargas del matrimonio futuro y que, generalmente estaba en relación a la posición social de los cónyuges, y que seria administrado en el matrimonio por el varón. Esta forma adquiría variantes en función de su ubicación como el “escreix” catalán, el morgengabe germánico, la mahr islámica, o en general el “ajuar” en la mayor parte del resto del continente europeo.

Esta dote, sin embargo, tiene un significado en función de la realidad del matrimonio, de lo que en realidad era la comercialización de la mujer en la sociedad y en el acto del matrimonio en concreto, y de hecho suponía el precio de la mujer en el mercado social, de forma que era realmente indispensable y su valor trascendental, en función del honor de la mujer y sobretodo de su familia.

Así, aunque esta figura a lo largo del S.XIX fue perdiendo valor su uso era justificado aun como necesario para sostener las cargas matrimoniales (ocultando lo que en origen era el comercio de la mujer) y sobretodo por el honor, que en esta época moderna era otro de los elementos mas importantes tanto de la dote en si como del ritual matrimonial, de donde se desprendía que una familia con una dote por debajo de lo esperado, era una familia y una mujer sin honor que podía ser repudiada o incluso asesinada por el varón, puesto que la dote, era indicativo del nivel de honor de la mujer, y sobretodo, de su familia. Esta dote, por ultimo, podría ser descrita en su naturaleza como una aportación que se realizaba tanto en dinero ( la simple y llana aportación económica de una cantidad concreta de dinero) como, podríamos decir, en materia o especie ( es decir aportaciones extra-económicas como podían ser ropas, vestidos...lo que se denominaría hoy en día el ajuar nupcial) que a pesar de su importancia su valor material en dinero apenas era concretado por parte del notario, si no que la consideración de la dote recaía en el juicio de las familias.

A continuación, las familias debían de llevar a los cónyuges ante el altar, para que un sacerdote de la iglesia bendijese y oficializase definitivamente la unión a ojos de Dios, de forma que el ritual en si del matrimonio había quedado definitivamente completado. Por ultimo, y mas en la esfera personal del joven y ya reciente matrimonio, se exhortaba a la joven pareja a que acudiesen a la alcoba para que inaugurasen “como es debido” en la época el reciente matrimonio y efectuasen lo que la sociedad y la Iglesia esperaban de ellos, es decir, las relaciones sexuales que tendrían como objetivo la descendencia de la familia.

Así, los usos matrimoniales de la época, fueron regulados muy especialmente y fueron objeto de intentos debates y análisis en el fenómeno del renacimiento conocido como la Reforma protestante y la Contrarreforma católica. De esta manera, frente al espíritu reformista en infinidad de aspectos ( también en el matrimonio) promovida por los seguidores de Martín Lutero, la Iglesia Católica, así como la facción protestante se vieron obligados a realizar diversas matizaciones y aclaraciones acerca de su forma de ver el mundo y concretamente el tema del matrimonio cristiano.

Por un lado, en el Concilio de Trento (1545-1563), donde se asentaron las bases de la contrarreforma católica, se asentó la idea del matrimonio con sus doctrinas, rituales y consideraciones religiosas legales de cara al mundo católico y en respuesta a la amenaza del protestantismo en temas como el matrimonio Así, para asentar la firmeza de la doctrina del matrimonio se discutió largo y tendido en varias sesiones del concilio acerca de la figura y el papel del matrimonio en el catolicismo, y quedo reflejada en varios cánones, de forma que no solo quedase explicitada la realidad y el pensamiento de la Iglesia en ese tema, si no que además quedase firmemente asentado que era esa la visión del “verdadero” cristianismo y que no había otra forma de verlo y que por tanto, se impondrían como interpretación obligatoria que se mantendría intacta hasta hoy.

Entre estas consideraciones dadas al matrimonio y que fijaron la postura oficial de la Iglesia en ese tema, esta la de considerar al matrimonio como un sacramento de la Iglesia, sacramento e institución sagrada concedido e impuesto directamente por Jesucristo, lo cual le daba su carácter incuestionable y único dentro del ritual católico. Por ello, se hacia necesario no solo respetar y efectuar el ritual cristiano del matrimonio a la hora de profesar dicha fe, sino también de respetar la doctrina y la ceremonia en si del matrimonio bendecido por el sacerdote y colocando la autoridad de la Iglesia por encima ( o, al menos en igualdad) a la autoridad y el ritual de las alianzas y acuerdos familiares a la hora de la unión de los cónyuges.

De esta forma, de los dos rituales y tradiciones matrimoniales ( la efectuada por el notario ante las familias y la efectuada en la Iglesia ante el sacerdote) la eclesiástica acabo imponiéndose no en solitario pero si con una importancia mayor, de forma que el acto de fe ante el párroco local del pueblo donde se contraía el matrimonio se considero como un acto de unión con Dios indispensable y sagrado del que no se podía excusarse si se quería que el matrimonio gozase de validez y representatividad ante la comunidad y ante Dios. Así, la contrarreforma católica hizo innovaciones pero respetando de forma que instituyo el matrimonio como ritual obligado y sagrado elevando su importancia, pero a la vez respetando los rituales matrimoniales de la familia, juntando ambas tradiciones para contentar a todos, tanto los intereses económicos familiares(de forma que se respetaba y mantenía el respeto a la familia, a las celebraciones y alianzas pre-religiosas, la consideración de ritual publico como respeto a los padres....) como la moralidad de los mas católicos ( obligatoriedad del ritual sagrado ante el párroco, eliminando papel protagónico a la comunidad a favor de la Iglesia que goza del protagonismo y regulación exclusivo de este sacramento, declarando incuestionable e indisoluble el matrimonio negando por ello el divorcio...)

De esta forma, solamente se concedería la validez total al nuevo matrimonio una vez superadas todas las fases del rito , tanto la civil como la religiosa, y ello a pesar de las políticas de las familias que aunque no aceptaban de buen grado esta imposición y aumento total de poder eclesiástico, se veían obligado a aceptarlo e integrarlo.

Por su parte, la religión protesta y todo el mundo, en general, vinculado a la Reforma protestante iniciada por Martín Lutero no veían las cosas de la misma manera y tuvieron su punto de vista personal con respecto al tema del matrimonio, de forma que para los protestantes el matrimonio en si no era considerado como un acto religioso si no civil, gestionado por autoridades civiles donde, si se quiere pueden tener una liturgia cristiana, (como rezos, oraciones y exclamaciones a Dios, bendición pastoral, entrega de anillos...pero todo mas espontáneo y en ningún momento regulado e impuesto como en Trento) pero no se explicita como necesario como en el catolicismo donde es un sacramento.

Además, es clave que en la religión protestante, acepten una forma de divorcio como separación necesaria en caso de repudio, y ello lógicamente al no considerar la unión acto sagrado venido de Dios, si no acto humano, aunque con el consentimiento de Dios. Ello fomento una diferencia fundamental con el dogma cristiano que les hacia ser incompatibles en el tema del matrimonio de forma que ambas formas de entender la visión del matrimonio en la Reforma y la Contrarreforma supusieron una pugna real muy dura con respecto al proyecto político del matrimonio y donde solo en el caso del catolicismo la Iglesia reforzó su poder.

Y ello a pesar de que, tanto entre los católicos como entre los protestantes, el papel que debiera jugar la mujer era lógicamente el de la sumisión y la obediencia a las ordenes y designios del marido y encomendada a las tareas domesticas y cuidado del hogar. Sin embargo, es curioso y digno de mención, que solamente a partir del siglo XVIII-XIX, también se encomendara a la madre la confianza total y absoluta en el cuidado de los niños, en tanto que en los siglos precedentes, se considerase en el catolicismo a la mujer un sujeto tan inútil que “ni para eso valía” pues consideraba que lo único que podría transmitirle a los hijos eran debilidades y caprichos.

De esa forma, la misoginia extrema del medioevo y el renacimiento, que llevaba a considerar a la mujer útil únicamente en la limpieza del hogar, fue variando poco a poco hasta construir en el siglo XVIII con los ilustrados un nuevo discurso, el del “amor maternal” “instinto maternal” y una gran serie de tópicos ( el de la madre que cuida, instruye y ama a los hijos como tarea natural por su inferioridad física y mental) que es, realmente, mucho mas novedoso de lo que pensamos en un primer instante. Así pues, es a finales del periodo estudiado cuando se completa definitivamente el papel de la mujer en el mundo cristiano, al frente de las tareas domesticas y a la vez del cuidado y la crianza de los hijos de la familia, aunque siempre bajo la supervisión del padre.

Maria Teresa Benitez Gonzalez

VIDA COTIDIANA EN LA EDAD MODERNA

La mayoría de las mujeres en el Renacimiento acababan siendo madre, y la maternidad era su profesión y su identidad. Sus vidas como adultas (desde aproximadamente los veinticinco años en casi todos los grupos sociales y desde la adolescencia entre las familias más ricas) eran un ciclo continuo de embarazo, crianza y embarazo.

Las mujeres pobres daban a luz cada 24 ó 30 meses. Las mujeres ricas tenían más hijos que las pobres. La necesidad de asegurar la descendencia, para garantizar una transmisión efectiva de la riqueza, las forzaba a ser fértiles.

Tener hijos constituye una carga y un privilegio de las mujeres. En Italia y en Francia la mujer que paría era festejada y mimada. La madre, por un momento, ocupaba un puesto estelar inigualable. Era por tanto un auténtico honor estar embarazada.

El parto era un momento temible, fruto del castigo especial de Dios a Eva por su falsedad en el Paraíso. Las madres que sobrevivían se enfrentaban a menudo a la muerte de la criatura que habían traído a este mundo con tanto sufrimiento. La mortalidad infantil era muy alta. Los recién nacidos tenían unas posibilidades de supervivencia que oscilaban, en Europa occidental, entre el 20 y el 50 por ciento. Eran presas fáciles de las plagas, la diarrea, la gripe, los catarros, la tuberculosis y el hambre.

Los niños que sobrevivían eran amamantados entre 18 y 2’J meses. En los pueblos y ciudades de toda Europa lo mayoría de las mujeres tenían que dar pecho a uno o más lactantes durante casi toda su vida adulta.

Algo más que una simple falta de inclinación se esconde tras la negativa amamantar generalizada entre las mujeres ricas. A sus maridos frecuentemente no les gustaba la apariencia de una madre dando pecho a su hijo. Sea cual fuere la razón última, casi todas las mujeres ricas rechazaban amamantar a sus hijos. Los niños de los ricos mamaban de los pechos de los pobres. Las familias más ricas tenían sus propias amas de cría.

Con más frecuencia, los recién nacidos de las ciudades de Italia, Francia, Alemania e Inglaterra, eran enviados al campo al tiempo del parto para que los amamantaran las mujeres campesinas. Algunas amas de cría tenían una abundancia de leche tal que podían hacer frente sin problemas a las nuevas bocas. Otras acababan de enterrar a sus propios niños, o los habían destetado ya, o —seducidas por salarios que llegaban a ser dos veces mayores que los del servicio doméstico— se los traspasaban a su vez a otras amas.

Las madres que no podían hacerse cargo de sus hijos, fueran éstos legítimos o ilegítimos, podían abandonarlos, con la esperanza de que el abandono fuera menos grave que el asesinato, y de que algún extraño caritativo haría posible la su pervivencia del niño.

Alejandro Gonzalez Melguizo


MUJERES EN LOS MARGENES

En esta ultima y definitiva parte del trabajo, pasare a estudiar casos concretos de mujeres que, si no se salvaron del estricto y reglado destino al que fueron sometidas las mujeres de la época, si al menos vivieron una parte de su vida de una forma diferente y destacaron por sus estudios, su inteligencia y , sobretodo, por sus actuaciones publicas en un mundo reservado para los hombres en estas esferas. Y cuando hablo de actuaciones o esfera publica no me refiero a, como en lo estudiando, la esfera del matrimonio o la familia, si no al terreno de la política o incluso a la guerra. De este periodo modernista que hemos estudiado, bastantes podrían ser los nombres de mujeres que han destacado a lo largo y ancho del mundo por haber sido participes de la esfera política y cabeza de diversos procesos históricos al igual que los hombres.

Podríamos citar a personajes de la realeza como Isabel de Castilla, Juana de Castilla, Isabel I de Inglaterra, Catalina La Grande de Rusia...todas ellas que ocuparon el trono de sus respectivos países con mano firme algunas y con mas que dudosa debilidad y manipulación algunas otras. Sin embargo, realmente no es tan meritorio señalar dichos casos realmente como mujeres que se emanciparon y reclamaron para si su lugar en la política publica fuera del hogar, ya que, al ser de la realeza su mundo era distinto al del resto de los mortales y ellas estaban educadas para la vida publica (aunque diferente a los varones de la realeza) porque el destino querría que quizá en algún momento ostentaran el trono de sus respectivos países. De otra forma, si es mas meritorio hablar de mujeres, pertenecientes bien a la nobleza o aristocracia, bien a las clases medias que si desempeñaron en su época un papel central y que tuvieron que enfrentarse a grandes polémicas con respecto a su decidido protagonismo en un mundo donde las reglas las hacían los hombres. Ejemplos de ellos, serian personajes como la biología protestante holandesa Maria Sybilla Merian, la feminista dieciochesca Mary Wolstonecraftt, o la comunera castellana Maria Pacheco.

Puesto que solamente me detendré en estudiar el segundo caso, si es justo reconocer y recordar el merito de la primera, como única mujer en su época que se instruyo, formo y estudio ( aun cuando ello iba en contra de su sexo y de su propia familia) y llego a estudiar en Surinam diversas especies animales y vegetales y al final, pudo vencer los prejuicios lógicos del patriarcalismo de su época y llegar a ser reconocida en Holanda como una insigne representante e intelectual de la biología de su país, y de todo el mundo. Ellas fueron, como titula un excelente libro de Natalie Zenon Davies, “mujeres en los márgenes”, mujeres que vivieron su vida al margen de la realidad impuesta por la moral religiosa y civil que quería someter el papel de la mujer a una esfera de sumisión total.

El caso de Maria Pacheco no fue menos insigne y destacable que el de la biología holandesa. Maria, nació en el seno de una familia castellana nobiliar y de alta alcurnia, los Mondejar-Tendilla, en Granada ( su ciudad amada de la que llego a decir que se sentía “ de Granada y de Toledo en su interior) en el año de 1496, una vez iniciado el proceso de unificación de su querida Castilla con la corona de Aragón y que fomentaron la unidad política ( aunque no social) de la península ibérica. A pesar de ello, la unidad no era tal y como la querrían muchos de sus dirigentes, y bien se encargaría Maria de recordárselo años después. Hija de Iñigo López de Mendoza y Francisca Pacheco, el primer signo de diferencia con respecto a muchas mujeres de su época es que jamás llego a adoptar el apellido de los varones que pasaron por su vida, ni el de su padre ( López Mendoza) ni el de su futuro esposo ( Juan de Padilla) y siempre ha sido recordada por el apellido materno.

Este acto, ha sido interpretado de diversas formas, desde los que no han osado en decir que siempre tuvo una conciencia claramente feminista y se negó a plegarse a los designios e imposiciones de un mundo patriarcal que sometía y humillaba a las mujeres a que perdieran su identidad, hasta otros historiadores que afirman que tuvo el apellido López de Mendoza pero que lo cambio por el de su madre, con el objeto de no ser confundida con otras “Maria López de Mendoza”, hermanas suyas, que ya existían en la familia. Fuese como fuese, igualmente cabe destacar la osadía de esta mujer que no dudo en afirmar su identidad y peculiaridad tanto en su familia como en aquellos lugares donde dejo huella.

Así, Maria tampoco fue una muchacha corriente en su educación ya que, inmersos en un espíritu renacentista, recibió una educación acorde con los varones y desde luego muy diferente al papel que la sociedad guardaba a las mujeres, incluso en el tema de la instrucción. Mujer culta y muy instruida desde pequeña, recibió conocimientos de latín, griego, matemáticas, historia, geografía...lo que la permitió convertirse en una muchacha con unos conocimientos de la vida, del mundo y de la realidad política de Castilla de la que no gozaron la mayoría de las mujeres de su época ( y tampoco muchos hombres).

Sin embargo y pese a todo, Maria era una mujer que vivía en una época concreta, el renacimiento, la edad moderna, lo que no la eximio de todos los convencionalismos de su época y , como todas las mujeres del momento, se vio obligada a casarse con apenas 14 años de edad, por decisión de su familia ( ya hemos estudiado como se producían las alianzas matrimoniales en la época según pactos de familia sin intervención de los cónyuges) con un joven militar, Juan de Padilla que poseía rango muy inferior al de su condición nobiliar ( otro elemento característico del periodo era que las mujeres casasen con varones de inferior rango para acercar posiciones y alianzas con otras familias súbditas) Ello, según todas las crónicas del periodo, no pareció haber gustado mucho a la joven castellana que mostró su disgusto y su desprecio un tiempo por su joven marido. Posteriormente, en 1518, y debido a la categoría de capitán de armas heredada de su padre, tiene que verse obligado a trasladarse desde Granada a Toledo, lugar donde le llevaría su nuevo cargo, y junto a el se traslado su joven esposa Maria.

Una vez allí, Maria se convierte con el paso de los años , y tras la subida al trono de Castilla y Aragón de Carlos V de Alemania ( hijo de Juana I de Castilla) , y debido a su gran cultura e inteligencia aprendidas a lo largo de los años, en una de las mas firmes e insignes defensoras de los derechos y libertades de Castilla frente a la primacía imperial de Carlos V y sus partidarios realistas e imperiales.

Ello lo demostró cuando, tras los primeros alzamientos de las Comunidades castellanas, se sumo pronto a la guerra. Concretamente, en abril de 1520, se formo al mismo tiempo que en toda Castilla la Junta de Toledo, y posteriormente en julio de 1520 se crea en Ávila la Santa Junta del Reino de Castilla, encargando a Juan de Padilla el liderazgo del ejercito comunero, a lo cual Maria presto todo su apoyo y colaboración desde los primeros momentos.

Sin embargo, resulta curioso que, a pesar de haber sido Maria Pacheco la mas valerosa y decidida comunera de los dos y de todo Toledo, haya sido su marido y otros toledanos los que hayan pasado a la historia de forma mas heroica que ella, quizá por esos prejuicios patriarcales que siempre han dominado a quienes han escrito nuestra memoria histórica. De esta forma y una vez formada la Junta de Toledo, y la Santa Junta del Reino, la inercia de los acontecimientos llevan a Juan de Padilla a alejarse de Toledo para liderar en el resto de Castilla a los ejércitos comuneros.

Como es bien conocida la historia, una batalla tras otra, condujo al ejercito comunero comandado por Padilla hasta el pequeño pueblo vallisoletano de Villalar, donde se produjo el encuentro definitivo entre las tropas realistas de Carlos V y el ejercito comunero de Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado, que el 23 de abril de 1521 fue definitivamente derrotado en esta villa. Como consecuencia, los tres lideres castellanos fueron decapitados unas horas después.

Mientras tanto, en ausencia de Juan de Padilla, Maria Pacheco no asumió ninguna posición de sometimiento y debilidad y , acorde con su ímpetu, lidero y gobernó ella sola la ciudad de Toledo hasta el 29 de marzo de 1521, momento en que se produjo la llegada ( y con ello, los roces y el co-gobierno) del líder comunero religioso Antonio de Acuña Una vez se entero de la ejecución de su marido y del ejercito comunero apenas un mes después en Villalar, Maria Pacheco recayó en una profunda depresión y luto durante algún tiempo.

Y es que, algo que no suelen contar las narraciones historiográficas es que, de la indiferencia y desprecio que sentía Maria por Juan cuando contrajo matrimonio obligado según la costumbre con el, fue pasando poco a poco a lo largo de los años a un cariño y amor que culmino con la entrada de Juan de Padilla en el liderazgo de la rebelión castellana en la que tanto y tan firmemente creía Maria Pacheco.

Fue esta decisión y este acto de fe lo que definitivamente llevo a Maria a quedar profundamente enamorada de Juan y Juan de Maria al ver asimismo el ímpetu de su mujer.

Por ello, la derrota al mismo tiempo de su marido y de su causa sumió a Maria en un profundo dolor, lo cual no la impidió ( y de hecho, la impulso) en seguir liderando el proceso comunero donde apenas aun quedaba rastro. De esta manera, y caídas las tropas comuneras en el norte de Castilla el 23 de abril y el centro de Castilla el 7 de mayo, apenas quedaban zonas de resistencia si no al sur de Castilla, que a diferencia del resto aun no había firmado su rendición y continuaba su lucha frente a las tropas imperiales de Carlos V.

De esta manera, desde mayo de 1521 a febrero de 1522, Maria Pacheco mantuvo vivo en solitario, alentando con su esfuerzo a los toledanos, al ultimo foco de resistencia comunera en Castilla, la ciudad de Toledo. Así pues, tras la huida de Antonio de Acuña, Maria volvió a quedar gobernando en solitario la ciudad, y exhortaba, a veces visceralmente a los toledanos a la resistencia durante 9 meses de asedios y combates por la ciudad.

A tal punto llego su decisión y arrojo que, cuenta la historia que entre septiembre y octubre de 1521 y debido al derrotismo de los toledanos, Maria Pacheco incauto todos los cañones situados en el Alcázar, desde donde dirigía la resistencia, y ordeno apuntarlos todos contra la ciudad de Toledo, exhortando a sus paisanos a resistir a toda costa o ser bombardeados.

Sin embargo, la causa comunera militarmente ( aunque no política e ideológicamente) estaba ya perdida y las tropas realistas de Carlos V intensificaron a partir de septiembre el asedio, de forma que se hizo ya insoportable. Ello culmino el 3 de febrero de 1522 donde, tras organizar las ultimas sublevaciones de resistencia, Toledo cae definitivamente en poder de las tropas imperiales y la rebelión comunera definitivamente liquidada.

Tras ello, Maria Pacheco, perseguida por la justicia imperial de Carlos V logro refugiarse con sus hijos en la ciudad portuguesa de Oporto donde vive de la mendicidad en condiciones muy lamentables, negándose a recibir puestos de sus familiares en dicha ciudad, debido a que se le veto el retorno Castilla. De esa forma, Maria mantuvo firmemente sus ideales y creencias hasta las ultimas consecuencias de su vida y aunque nacida como noble y “Grande de España” murió en la mas ínfima pobreza. Allí falleció Maria Pacheco en marzo de 1531, a 10 años de la derrota comunera en Villalar, y a 9 de la caída definitiva de su querida Toledo y definitivamente de toda la causa comunera.

Tal fue el arrojo y las consecuencias de la rebelión comunera que lidero Maria que ni muerta se la perdono su arrojo y hasta se le negó la sepultura en Villalar junto a su esposo, Juan de Padilla. Sirva la biografía de Maria Pacheco como muestra de las mujeres que lucharon y resistieron hasta su muerte por sus ideas en un mundo muy poco idílico y, desde luego, muy poco propicio para las mujeres, y menos aun para las luchadoras como Maria Pacheco.

Aida Martinez Gutierrez


MARIANA DE NEOBURGO

Mariana de Neoburgo, que nació el 28 de Octubre de 1667, fue destinada a casarse por razones de estado con Carlos II a los pocos días de morir su esposa María Luisa, con la finalidad de que engendrara un heredero para la corona española. Tras celebrarse el matrimonio el 28 de agosto de 1689, los monarcas se reunieron personalmente un tiempo después sin producirse, al parecer, una atracción física inmediata por parte ambos; no sintiéndose Carlos II tan afortunado como con su primera mujer.

Al poco tiempo de estar casada con Carlos II, Mariana fingió un embarazo con el objetivo de doblegar a su marido ante ella. Carlos, a pesar de extrañarle la noticia, se sintió felizmente alagado y esperanzado aunque pronto decaerá tras las acusaciones de su madre de que Mariana estaba mintiendo. Finalmente, la reina llevó hábilmente su embarazo a un aborto ficticio. En este sentido continuaba Mariana apoderándose de su puesto como reina y llegó a denominarse a sí misma “el primer ministro del rey”.

Asimismo, la reina sufrió algunos achaques de salud que pueden asociarse a la amenorrea (ausencia prolongada del periodo menstrual) lo que era utilizado por ella a su antojo y causaba una desilusión continua a su marido. Doña Mariana llegó a fingir otro aborto, quitándose de esta forma las duras críticas que de la madre de Carlos y otros miembros de la corte le profesaban. Parece ser que llegó a fingir hasta 12 embarazos. Paralelamente, lo que está claro es que la vida sexual de los cónyuges no era para nada satisfactoria y seguiría la línea del primer matrimonio del monarca. Por ello doña Mariana satisfacía su fracaso matrimonial y materno con superfluos caprichos materiales.

Por su parte Carlos II, como en su primer matrimonio, creía que su desdichada suerte radicaba en sí mismo al estar bajo posesión del demonio y debido a ello, según algunas prescripciones, el soberano se apartó durante un tiempo del lecho de su esposa además de hacerse suministrar numerosos tipos de remedios. Medicamente, Carlos II padecería algún tipo de impotencia o eyaculación precoz que le imposibilitaba el poder tener descendencia por lo que tanto María Luisa de Orleans como Mariana de Neoburgo no tendrían aparentemente problemas para concebir un hijo.

Más adelante Mariana de Neoburgo contralló unas fiebres junto con su esposo el cual fallecerá en primer lugar dejando viuda a doña Mariana con treinta y tres años de edad, muriendo ya anciana en el año 1740 sin descendencia alguna.

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Archivo:Marie-Anne de Neubourg, reine d'Espagne.jpg

MARIA LUISA DE ORLEANS

María Luisa de Orleans nació el 27 de marzo de 1662 y fue destinada a casarse con el último Austria Carlos II en contra de su voluntad ya que al parecer ella estaba enamorada del delfín Luis XIV, hermano de su padre. Finalmente, 31 de agosto de 1667 tuvo lugar por poderes la unión de estos dos esposos. Cuando ambos presenciaron su primer encuentro el monarca quedó prendado de su esposa, la cual no debió de sentir lo mismo ante un rey un tanto débil y de aspecto enfermizo, como explicábamos anteriormente al hablar de su madre Mariana de Austria. Esta reina al parecer trató de importunar el matrimonio llegando a acusar a su nuera de estéril.

Sin embargo, sus augurios no irían muy desencaminados, ya que a pesar de vislumbrar en numerosas ocasiones la posibilidad de un embarazo ante las irregularidades menstruales y la tendencia a engordar de la reina, lo cierto era que este matrimonio estuvo condicionado por la esterilidad. Aunque también hay que destacar que los hábitos de los esposos a intimar eran bastante escasos y complejos.

María Luisa, que era una mujer joven que pecaba de ser un tanto infantil e ingenua, llegó a confesar sus intimidades a otras personas y al cabo de un tiempo era conocida por mucha gente la noticia de que la reina era todavía virgen, pasando varios años hasta la consumación del matrimonio. Además de existir problemas en el acto sexual provocados por Carlos II, lo cierto es que esta situación se veía agravada por María Luisa, quien tampoco se sentía muy atraída por su esposo sobre el cual llegó a profesar cierto tedio y aversión

Por su parte Carlos II “El Hechizado,” se basaba en sus numerosas supersticiones y manías para explicar su nula sucesión. Tener descendencia se convirtió para él en una auténtica obsesión llegando a encomendarse incluso a la brujería. Por otro lado, el pueblo comenzó a culpar a María Luisa de no querer tener una sucesión para el trono español llegando a acusarla de infidelidad. Lo cierto es que María Luisa mantuvo una actitud intachable a pesar de su malogrado matrimonio y su desesperación por ser madre.

Algunos escritos sobre los informes médicos de la reina pueden llegar a mostrar que se le suministraban elementos que podían influir en su estado de aparente esterilidad por parte de gente allegada a la política francesa en vistas a malograr un futuro heredero español. El sentimiento devoto de la reina aumentó, como era costumbre, ante la falta del “milagro” esperado y durante un tiempo llegó a vestir hábitos y a realizar peregrinaciones.

La reina murió el 12 de febrero de 1689 dándose como motivo un envenenamiento del que se presentan dudas ya que existen varios informes sobre diferentes diagnósticos sobre si padecía o no una enfermedad o si realmente pudieron envenenarla para quitarse de encima a una reina que no ofrecía una continuidad a la corona.

Archivo:Circle Of Juan Carreno De Miranda.jpeg
Archivo:Circle Of Juan Carreno De Miranda.jpeg

MARIANA DE AUSTRIA

Mariana de Austria nació el 24 de septiembre de 1635 y con apenas trece años fue destinada a casarse con su primo Baltasar Carlos pero ante la muerte de éste, finalmente se casará con su tío carnal Felipe IV, el cual le sobrepasaba en casi treinta años de edad. El matrimonio tuvo lugar el 8 de noviembre de 1648 mediante procuradores. Al poco tiempo la pareja se encontró personalmente.

Este matrimonio no fue ni mucho menos ejemplo de felicidad y amor. El rey, libertino como era, no cesaba en sus aventuras extraconyugales debido a la juventud de su esposa y Mariana vivía sumida en un matrimonio infeliz con un esposo no le proporcionaba ningún tipo de atracción ni compartía gustos ni similitudes debido a la gran diferencia de edad.

Debido a los deseos de Felipe IV de tener descendencia de manera inmediata, la consumación del matrimonio no se hizo esperar mucho tiempo y de un primer embarazo nacerá en 1651 una niña llamada Margarita María, la cual despertaría enormes desilusiones para la corte y para su padre. Esta infanta será la que posteriormente Velázquez ilustrará en “Las Meninas”. Parece ser que tras dar a luz a su primera hija, la reina Mariana pasó por un largo periodo de apatía y desgana que pudo propiciarse por sentirse a disgusto en el ambiente que le había tocado vivir, incluso algunos cronistas afirmaban que el ambiente de palacio la entristecía de sobremanera.

En el año 1655 dio a luz a una nueva niña llamada María de la Concepción Ambrosia quien tendrá una corta vida. Después de este parto, doña Mariana sufrirá un grave estado de salud del que conseguirá recuperarse. Posteriormente, y tras un nacimiento fallido de otra niña que vivió pocas horas, doña Mariana volverá a quedar embarazada y el 28 de noviembre de 1657 la reina tendrá un varón llamado Felipe Próspero; un heredero fallido que murió a los cuatro años de edad. Más adelante, otro heredero bautizado como Fernando Tomás, morirá a los pocos meses de nacido. El sexto hijo del matrimonio fue el último intento procreativo de Felipe IV. Este nacerá en el año 1661, unos días más tarde de la muerte de Felipe Próspero. Tendrá por nombre Carlos y será un infante con signos físicos de debilidad y por ello será ocultado por orden de su padre en sus primeros momentos vida. Sin embargo, este infante al fallecer de su padre Felipe IV en el año 1665 se convertirá rey con el nombre de Carlos II.

La muerte del monarca sumió a Mariana de Austria en un grave abatimiento. Los fracasos maternales nos recuerdan a Isabel de Borbón, sin descartar que pudiera sufrir alguna influencia física más que la casualidad o el destino. En la etapa final de su vida perece que Mariana sufrió un cáncer de pecho que oculto durante mucho tiempo a sus médicos falleciendo el 16 de mayo de 1696.

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ISABEL DE BORBÓN

Isabel de Borbón y de Médicis que nació el 22 de noviembre de 1603, fue destinada con doce años al casarse con el heredero de la corona española Felipe IV cuando éste contaba con 10 años de edad. Esta boda, entre lo que eran dos niños, se celebró por poderes el 18 de octubre de 1615, conociéndose los desposados un mes después. Algunos cronistas postularon que Felipe IV quedó tan embelesado de su esposa cuando la vio que apenas articuló palabra alguna, pero esto se debería seguramente a una timidez propia de un niño y a una tendencia de los cronistas a postular este tipo de escenas.

Durante unos cuantos años la pareja vivió separada ya que no tenían la edad oportuna para convivir como un matrimonio. Los esposos procedieron a su unión al convivir juntos durante unos quince días, los cuales fueron suficientes para que Isabel quedase embarazada. Este hecho borraba los malos augurios que se cuenta el conde Duque de Olivares había planeado sobre la Isabel para impedir su fecundidad. En cuanto a su matrimonio, a pesar de que Isabel era una mujer dedicada a su marido, parece ser que el Felipe IV desfogaba su amplia actitud libertina con numerosas amantes que el conde duque de Olivares se encargaba de facilitar al monarca.

A igual de que en su primer embarazo, del cual nació una niña prematura que morirá unas pocas horas después de nacer, Isabel de Borbón trajo al mundo posteriormente a otra niña que tan sólo vivirá unos días y más tarde otras dos infantas que morirán con días de nacidas. Estos hechos crearon una gran frustración en Isabel, quien se encomendó fervientemente a los designios religiosos. Finalmente, en 1629 nació un ansiado heredero varón llamado Baltasar Carlos.

Según algunos cronistas, la reina vivía los últimos tiempos de una manera muy melancólica y alicaída entre otras cosas por haber perdido otra nueva hija más y tener tan sólo un varón entre su descendencia, el cual morirá en 1646. Un último fruto de la unión de estos monarcas será una sexta niña que tendrá por nombre María Teresa, la cual será la única de todos sus hijos fallidos que llegará a edad adulta hasta convertirse en reina de Francia junto con Luis XIV.

Por estos tiempos parece ser que la reina reclamaba más que nunca la atención de su esposo a pesar de ser conocedora de sus múltiples infidelidades, algo que se tomaba en la corte generalmente de forma natural y sin tener las connotaciones tan negativas de la actualidad. Este nuevo acercamiento con su esposo fue para Isabel la mejor recompensa por la fidelidad y ternura que siempre había mostrado hacia su marido.

Doña Isabel de Borbón falleció el 6 de octubre de 1644 cuando rondaba los cuarenta años de edad, unos días después de enfermar gravemente de una erísipela (enfermedad infectocontagiosa aguda y febril). Otra deficiencia de salud que poseía la reina quedaba patente en sus numerosos partos fracasados que se pueden achacar a una lues materna heredada de su padre o a la posibilidad de que Felipe IV padeciera sífilis debido a sus numerosos escarceos fuera del lecho conyugal.

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Alejandro Gonzalez Melguizo

MARGARITA DE AUSTRIA

Margarita de Austria nació el 25 de diciembre de 1584 en Gratz (Austria) y fue destinada en matrimonio a Felipe III. Parece ser que cuando la joven recibió la noticia de que iba a desposarse con el heredero a la corona de España, ésta se encontraba en un hospital haciendo gala de su caritativa vocación de asistencia al prójimo. Estado Margarita de camino a España falleció Felipe II y el matrimonio ya como reina de España tuvo lugar el 13 de noviembre de 1598 de forma representativa. Los nuevos reyes se conocieron posteriormente y parece ser que a pesar de la corta edad de la reina, que tan sólo tenía catorce años y de la veintena de edad de Felipe III , el matrimonio se consumó de inmediato.

Margarita de Austria mantuvo una ferviente obsesión con dar un heredero a la corona y a su marido, considerando esto como su única función y llegando a sentir que de no ser así no sería digna de más mínimo respeto. Finalmente, el deseado embarazo llegó y el día 22 de Septiembre de 1601 dio a luz a su primera hija, Ana Mauricia. Este embarazo se dio sin complicaciones y su esposo Felipe III estuvo a su lado en los momentos previos al parto. Aún así, la reina realizó antes del mismo su testamento, ya que además de ser costumbre era un signo más de su exagerada aptitud devota. Esta postura condujo a que Margarita ordenase el envío de una reliquia, el báculo de santo Domingo de Silos, destinado a los buenos partos, algo que se convertirá en una tradición para las futuras reinas españolas.

Un segundo alumbramiento tuvo lugar dos años después dando lugar a una niña que murió a los pocos meses. Posteriormente el 8 de Abril de 1605 nacerá el primer hijo y heredero de la corona, el futuro Felipe IV. Margarita tendrá a lo largo del tiempo dos hijas más llamadas María y Margarita Francisca y dos nuevos varones, bautizados como Carlos y Fernando respetivamente. Finalmente, su último hijo el infante Alfonso, nacerá el 22 de septiembre de 1611. A consecuencia de este parto, unos días después Margarita de Austria fallecerá con sólo veintisiete años de edad. Hay que resaltar que la ferviente fertilidad de Margarita había sido heredada de su madre, la cual había llegado a tener quince hijos.

Debido a su gran aptitud devota, la reina se preparaba siempre para morir ante cada uno de sus partos, sobreviviendo a un gran número de ellos y cumpliendo a la perfección el papel de madre que tanto ansiaba perfeccionar. La muerte desde el punto de vista médico se produjo, como era usual, por infección puerperal (inflamación séptica localizada o generalizada) sin embargo la creencia popular de su muerte fue, como venía ocurriendo en otro caos, la de un envenenamiento. El rey vivió los diez años que sobrevivió a su mujer desolado y sin volverse a casar, por lo que recibirá el apelativo de “Rey Pio”.

Archivo:Margaret of austria 1609.jpg
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Patricia Arboleda Plata

ISABEL DE VALOIS

Isabel de Valois nació el 3 de Abril de 1546 en Fontainebleau, siendo hija de Enrique II de Francia y Catalina de Médicis. El objetivo de este casamiento era la concordia política con Francia personificándose en la figura de Isabel de Valois quien será conocida popularmente con el nombre de “Isabel de la paz”. En un principio, Isabel iba a convertirse en mujer del príncipe Don Carlos el cual era el primogénito del que será su marido Felipe II, siendo ésta su tercera esposa. En este contexto, tuvieron lugar muchos rumores de los posibles amoríos entre este triangulo de personalidades, alegándose los terribles celos que sentía Carlos hacia su padre y la que se convertiría en su madrastra. Finalmente, las nupcias tuvieron lugar el 22 de Junio de 1559. Como ya había sucedido en otros matrimonios reales, en vista de la ausencia física de Don Felipe, el duque de Alba se encargó de efectuar su representación simbólica, incluyendo el lecho matrimonial.

Cuando Isabel llegó a España tenía a penas catorce años y algunos cronistas cuentan que Felipe II quedó impactado por su juventud y belleza. Paralelamente, cabe destacar que cuando se pretendió consumar el matrimonio, Isabel era todavía una niña arrebatada de las faldas de su madre que fácilmente podía poseer muñecas como parte de sus pertenecías, además de que todavía no había alcanzado su madurez sexual, por lo que se pospuso la consumación para un año más tarde, algo sobre lo que el rey no estaba muy conforme. Sin embargo, a sus quince años de edad Isabel se había convertido en una muchacha vigorosa y alta que distaba mucho de la niña que había llegado a España aproximadamente un año atrás.

A pesar de ello, los comienzos de la consumación matrimonial fueron para Isabel de Valois un tanto dolorosos según algunos escritos que eran enviados a su madre Catalina, aunque posteriormente se solucionarán. Isabel padeció durante algunos de sus viajes una leve viruela que se solventó no con muchas dificultades y en el año 1564 se anunció su primer embarazo estando su marido pendiente de ella ante las dificultades de salud que experimentaba de manera continua. Finalmente y ante las numerosas sangrías que se le practicaron para establecer su recuperación, Isabel tuvo un esperado aborto. Al parecer este hecho hizo que su marido Felipe II, el cual tenía relaciones extramatrimoniales y sabidas amantes, decidiera serle fiel a su esposa.

En su ansiado deseo por engendrar un hijo, Isabel de Valois seguía pintorescas indicaciones como las de darse baños, a los que la reina se oponía por su vergüenza a presentarse desnuda, o las de ingerir ungüentos y brebajes, muchos de ellos recomendados por su madre Catalina, asimismo la solución a su problema fue buscada también en el ámbito religioso. Finalmente, su primera hija Isabel Clara Eugenia nacerá el 12 de agosto de 1566. Parece ser que esta niña fue el ojo derecho Felipe II a quién no le importó que fuera mujer ya que creía fielmente en que poseía una anomalía para engendrar varones, teniendo su único hijo Carlos cierta deficiencia física. Un año después, llegará un tercer embarazo que traerá al mundo a una segunda hija llamada Catalina Micaela. El nacimiento de una segunda hija provocó más desconsuelo en Isabel que en Felipe, ya que ella sabía que los planes de futuro de su reinado dependían de un hijo varón.

Por último, cabe decir que la reina falleció expulsando un feto que murió al poco tiempo de llegar a la vida. Se especula sobre una medicina que le provocó la muerte ya que murió a las pocas horas de ingerirla, como si fuese una especie de veneno y a ello se atribuyó su muerte sin ningún fundamento histórico. Lo cierto es que doña Isabel contó con un estado de salud delicado en su vida que fue agravado por las numerosas atenciones médicas que en esa época agravaban más que mejoraban su estado y en esta línea, más debilitada que nunca. Isabel de Valois dejó a su reinado, a su marido y a sus dos hijas para siempre.

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MARIA TUDOR

La inglesa María Tudor que nació el 18 de Febrero de 1515 era hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón. En un primer momento María fue destinada a casarse con Carlos V pero al fracasar la consumación de dicho enlace, la princesa fue víctima de terribles tormentos hasta que finalmente subió al trono de Inglaterra como María I con treinta y ocho años de edad.

Su casamiento, que fue elaborado con fines políticos, se produciría como ya era costumbre tras la dispensa papal por tener lazos de consanguineidad con Felipe II, el cual se casaba por segunda vez. Antes del casamiento María, la cual poseía un retrato de Tiziano de su futuro esposo no tardó en experimentar los lazos de amor hacia su prometido. Los esponsales se celebraron por poderes el día 5 de Enero de 1554 siendo el conde de Egmont el representante de Felipe II. Como era costumbre, éste noble realizó el ritual de acostarse en el lecho de la esposa con una armadura para corroborar que no se llegaran a mayores intimidades más allá del simbolismo ritual que debía representar la escena. Más adelante el 25 de Julio, los esposos se vieron por primera vez y consumaron su matrimonio.

A pesar de que María Tudor no despertaba un gran deseo en Felipe II debido a su avanzada edad, parece ser que éste respondió fielmente a sus deberes como esposo y como encargado de dar un heredero a la corona. El primer avistamiento de un embarazó llegará con la sospecha del abultamiento del vientre de María, que aunque no llegaba a saberse con certeza, todo indicaba que estaba en estado de buena esperanza. Incluso ella misma llego a afirmar que en su vientre se movía una pequeña criatura. Sin embargo, el paso del tiempo hizo ver que no se trataba de un embarazo sino posiblemente de hidropesía (acumulación de líquido en los tejidos). Esto causó una gran decepción para María y para el resto de la corte y de la población ya que los preparativos estaban completamente terminados y se esperaba con rotunda seguridad el nacimiento de un varón. Parece ser incluso que la princesa estuvo en posición de parto y llegó a sentir los dolores del mismo.

En relación a esto parece ser que el obispo Bonner le infundió la idea de que todo lo ocurrido era un castigo divino por no continuar con la persecución de herejes y por ello María Tudor mando quemar a decenas de personas. Por otro lado, Felipe II se sintió engañado pensando que su mujer le había hecho creer la existencia de un embarazo para retenerle a su lado. Dado esto, los esposos no volvieron a tener otro contacto más allá del epistolar. Sin embargo cuando María realizó su testamento estaba convencida de que portaba un futuro heredero en su vientre, como consecuencia del encuentro que había tenido lugar con su marido pero todo ello era fruto de su imaginación o de su invención debido a sus ansias por ser madre. Además María Tudor anhelaba la creación de una dinastía que uniese ambos reinos y que aportase una consolidación de su ferviente fe cristiana.

María Tudor falleció sin descendencia el 17 de noviembre de 1558 debido a una enfermedad que la debilitó progresivamente sin ver cumplidos sus exacerbados deseos de ser madre.

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MARIA MANUELA DE PORTUGAL

En su primer matrimonio Felipe II tuvo como esposa su prima hermana María Manuela de Portugal nacida el 15 de Octubre de 1527. Sus esponsales se celebraron por poderes cuando ambos tenían dieciséis años tras la dispensa papal y el 15 de diciembre de 1543 María llegó a España. En torno a esto, se dice que el príncipe, impaciente por ver a su esposa, presenció la entrada oficial de su futura mujer con disfraz y de incógnito. Felipe, a pesar de casarse por designios exclusivamente políticos, no dejaba de preocuparse por el aspecto físico de su esposa, a la que consideraba algo entrada en carnes, desde el momento en que la vio por primera vez. Por otro lado, en algunos escritos se puede ver como su padre, Carlos V, le alentaba para que no se excediese en los “abusos conyugales” incluso daba instrucciones al Juan de Zúñiga para que intercediese en este aspecto.

En la tarea del matrimonio Doña María Manuela había recibido instrucciones de su madre sobre su futuro comportamiento como esposa y sobre el doloroso sentimiento de los celos que ya habían acechado a su abuela Juana la Loca. Por otro lado, como María Manuela no quedaba embarazada debido a su corta edad, parece ser que se recurrió a extraños métodos para acelerar el proceso de maternidad. Sin embargo, a principios de 1544 la princesa quedaría embarazada y un año después daría a luz a su primogénito Carlos, cuyo nombre fue otorgado en honor a su abuelo. Este niño nacería con algunas anormalidades que fueron la gran preocupación de su padre ya que su madre sólo lo vería durante los primeros cuatro días de su vida al morir esta el 12 de julio de 1545 con dieciocho años de edad y tan sólo veinte meses de casada.

Esta repentina muerte fue achacada a hechos inverosímiles propios de la cultura de la época como que hubiese comido un limón poco tiempo después del nacimiento o la ingesta de un melón al descuido de sus camareras. Sin embargo, en la actualidad la causa de su muerte podemos hallarla en una infección puerperal debido a un parto laborioso en una joven de apenas dieciocho años que tuvo que comportarse como una mujer sin haber estado preparada para serlo.

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Aida Martinez Guiterrez

ISABEL DE PORTUGAL

Isabel de Portugal, nacida el 25 de Octubre de 1503, se convirtió en reina de Castilla y Aragón y emperatriz de Alemania al casarse con su primo carnal Carlos I. La vida de esta mujer estuvo marcada desde su niñez cuando en plena infancia falleció su madre al dar a luz a su último hijo. Debido a ello, Isabel como hija mayor, pasó a ocuparse de todos sus hermanos hasta que su padre volviera a casarse con la hija mayor de Juana la Loca, Leonor de Austria, hermana de su futuro marido Carlos I.

Para celebrar sus nupcias, se solicitó una dispensa de consanguinidad y finalmente la infanta portuguesa llegará a España en 1526 para proceder a la celebración del casamiento con Carlos I de España y V de Alemania. Doña Isabel logró llegar a enamorarse verdaderamente de su esposo a pesar de que como era costumbre, su matrimonio poseía fines políticos y económicos. Al parecer, Isabel personificó el perfecto ideal de mujer fiel y amante de su marido a la vez que ejercía de buena madre. Debido a ello y a que Isabel colaboró con su marido en las labores de gobierno, Carlos I a pesar de su temprana edad a la muerte de su esposa, (rondaba los cuarenta años) no volvió a contraer un nuevo matrimonio.

En 1526 Doña Isabel quedó embarazada por primera vez siendo este un embarazo acogido con gran alegría y fervor por el pueblo que se encargará de organizar procesiones y celebraciones. Al parecer en 1527, Isabel realizó su testamento en Valladolid antes de dar a luz en previsión de los riesgos que este hecho podía ocasionar. En el momento del parto, que llegó el 21 de mayo de ese mismo año Isabel tuvo su rostro tapado al igual que Isabel la Católica, aguantando los dolores propios con gran compostura, según narran algunos cronistas. Finalmente, dio a luz a su primogénito, el príncipe Felipe. Paralelamente y de forma singular en 1528 el padre Flórez estableció en una de sus obras el nacimiento de tres nuevos hijos: Juan, Fernando y María, por lo que podríamos estar ante un parto múltiple pero que parece no ser verídico ya que no llegaría a constatarse.

Un siguiente nacimiento que sí quedó registrado fue el de la infanta María, cuyo alumbramiento trajo para Doña Isabel unas tercianas (fiebre que se repite cada tres días) que complicarán su estado de salud y le producirán un futuro aborto. Aún así Isabel dará a luz en una fecha incierta a su tercer hijo, Fernando, el cual morirá a los pocos meses de edad. Antes de su siguiente parto, el de la infanta Juana en 1535, Isabel volverá a enfermar de tercianas o paludismo. Un posterior alumbramiento en 1537 traerá a la vida al infante Juan, el cual morirá a los cinco meses de edad sin que su padre pudiera llegar a conocerle.

Finalmente, un nuevo parto malogrado coincidiría aproximadamente con la fecha de la muerte de Isabel el 1 de mayo de 1539 con treinta y seis años de edad. A pesar de las numerosas hipótesis de los cronistas de la época sobre su enfermedad, hoy en día queda más o menos claro que pudo morir de una infección puerperal, la cual era muy común en esos tiempos. Doña Isabel por tanto tendrá un reinado corto y ejercerá dentro de él el típico perfil de reina como esposa y madre de los hijos de su rey.

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Maria Teresa Benitez Gonzalez

JUANA LA LOCA

El 6 de noviembre de 1479 nació en Toledo la futura heredera de los reyes católicos, Juana, conocida con el sobrenombre de “la loca”. A la edad de 16 años fue destinada a casarse con el archiduque de Austria y duque de Borgoña, Felipe el Hermoso. La infanta doña Juana abandonó España para desposarse, pero en cuanto conoció a su prometido en Lier (Amberes) dispuso que se adelantara el matrimonio cuatro días antes llamando a un sacerdote de urgencia el 21 de agosto de 1496. Según cuentan algunos cronistas, el enlace se dispuso de tal forma con el fin de consumar su matrimonio esa misma noche ya que la infanta fue protagonista de un arrebato de amor desde el primer momento que vio a su futuro esposo.

De esta forma Juana profesaba por su marido una exagerada devoción y un amor lujurioso que quedaba acentuado aún más siendo Felipe un hombre frívolo, presuntuoso y mujeriego. Las infidelidades que le profesaba su marido llevaron a Juana a un bucle sentimental marcado por los celos que condicionaron su matrimonio. Según algunos escritos de la propia Juana, ésta compensaba las continuas infidelidades de su marido gracias a la consumación de la relación conyugal, lo que calmaba su exacerbado dolor muchas veces debido a su naturaleza pasional.

Poco tiempo después y a la vez que se le presentaba su primer embarazo, era notable en Juana un desequilibrio mental que iba más allá de sus temibles celos s e influía de forma continua en su personalidad. De este primer embarazo nacería su primera hija Leonor y segundo hijo llamado Carlos, llegaría a ser el futuro heredero de la corona de España como Carlos I y V de Alemania. Por lo visto el nacimiento del príncipe heredero tuvo lugar cuando Juana participaba en una fiesta cortesana y sintiéndose mal acudió a un lugar apartado lugar que pudo ser una letrina del palacio. Juana tendrá su segunda y tercera hija llamada Isabel y María respectivamente y entre el nacimiento de ambas un segundo hijo de nombre Fernando.

Al parecer, los brotes esquizofrénicos se repetían conforme la infanta entraba en gestación y poco a poco su estado mental se fue deteriorando. De esta forma, cuando Juana no podía acompañar a su marido en sus continuos viajes por su situación de embarazo, sus celos y su inquietud personal aumentaban de manera desorbitante. En su sexto embarazo, Juana dejará atrás todas las prescripciones médicas y acompañará a su marido Felipe, el cual poseía una complicada enfermedad, en todos sus viajes. Los cronistas cuentan que Juana llegaba a tomarse la medicación de su marido para disuadirlo de la idea de que lo podían estar envenenando. Cuando don Felipe fallezca en 1506, dos años después de haber sido proclamado rey consorte, Juana sufrirá un agravamiento de su enfermedad llegando a prohibir que ninguna mujer velase su cadáver. Por otra parte la infanta, quién se había quedado embarazada nuevamente, no quería alumbrar un hijo que su difunto marido nunca llegaría a tener en sus brazos; finalmente tras una serie de complicaciones llegará al mundo en su séptimo embarazo la infanta Catalina.

Juana morirá en 1509 en Tordesillas, lugar donde fue encerrada durante mucho tiempo en el palacio de dicha ciudad por “locura de amor”. Nunca sabremos si ese exagerado “amor” fue lo que la llevó a la locura o los trastornos mentales que le afectaron fueron los causantes de incitarle a ese exagerado “amor”. Su debilidad mental fue confundida también como una especie de “posesión del diablo” y fue castigada por la Inquisición debido a que su trastorno mental le impedía cumplir con sus deberes religiosos. Sus últimos días los pasó postrada a una cama.

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Aida Martinez Guiterrez

ISABEL LA CATOLICA

Isabel la Católica (1475-1504) nació en Ávila el 22 de abril de 1451 como descendiente de Juan II de Trastámara e Isabel de Portugal. Desde pequeña estuvo al lado de su madre en el Castillo de Arévalo. A la vez que Isabel cumplía los 16 años, tuvieron lugar una serie de hechos en su familia que llevaron a que Isabel tuviera que ocupar el tono de Castilla a la muerte de su hermano Enrique IV. Para convertirse en reina, Isabel fue destinada a casarse con su primo segundo Fernando de Aragón, el cual era además rey de Sicilia. Este enlace suponía la concepción de la nación española bajo los reinos de Castilla y Aragón.

El matrimonio entre los reyes católicos fue consumado ante jueces, regidores y caballeros, que como era costumbre en esa ápoca dieron fe de la virginidad de la esposa. Según algunos autores como Lucio Marineo Sículo, a pesar ser este un matrimonio acordado, Isabel adoraba y amaba a su marido de tal manera que se mostraba celosa por si él tenía ojos para otra mujer; incluso se dice que llegó a despedir a las doncellas del reino que la importunaran en este sentido. Por ello, Isabel solía rodearse de damas de compañía de escasa belleza o con defectos físicos notables.

Según algunos cronistas Isabel era una mujer fuerte que no dejaba denotar dolor alguno e hizo gala de ello en su primer embarazo un año después de su matrimonio, del que nacerá la princesa Isabel. En cambio, lo que sí que le importunaba era que el parto fuera presenciado por testigos y parece ser que ella misma pidió que se le tapara la cara con un velo para ocultar su sufrimiento y vergüenza. Otros escritos afirman el aborto de un hijo varón que Isabel sintió especialmente y pretendió ocultar a su marido Fernando. Tras ocho años sin concebir un hijo, Isabel realizó un peregrinaje a San Juan de Ortega que pudo dar sus frutos ya que Isabel engendró a su futuro heredero Juan, quién presentó notables debilidades de salud por las que Isabel mostró su preocupación. Finalmente será su posterior hija Juana la postulante al trono y tendrá otras dos hijas más: María y Catalina.

La reina Isabel comenzó a ver resentida su salud y muchos postulan que se debió a los grandes sufrimientos que tuvo que vivir por la muerte de varios de sus hijos. En el año 1504 falleció a los 54 años de edad al parecer debido a síntomas febriles aunque algunos autores hablan de otro tipo de enfermedad mortal.

Isabel fue en definitiva una mujer femenina, que veló por el amor hacia su marido y sus hijos ya que ejerció su papel de madre con gran dignidad y acierto. Sin embargo Isabel era ante todo una reina que supo estar a la altura en todo momento y que profesó una gran fe religiosa. Incluso hoy en día nos resulta un tanto extraño pensar que una mujer pudiera tener tanto poder y protagonismo en la época moderna, dedicando su vida a la guerra y la justicia pero también a las artes y las ciencias a la vez que ejercía de puertas para adentro de madre, esposa mujer.

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Maria Teresa Benitez Gonzalez




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